SILVIA MERTINS es cantautora cristiana católica nacida en la ciudad de Guatemala Centroamérica, el 2 de abril de 1964. Fue bautizada el 14 de abril de 1964 e hizo su Primera Comunión el 13 de mayo de 1972 -Día de Nuestra Señora de Fátima- en la Capilla del Colegio Liceo Guatemala, cuando era estudiante del  Instito La Asunción, donde hizo parte de su primaria.

Posteriormente, ingresó en una escuela privada laica y mixta, donde terminó sus estudios de Bachillerato en Ciencias y Letras. Por supuesto, siendo una escuela laica, no tuvo ninguna formación religiosa que la ayudara a acercarse al Señor. En ese momento, para ella, Dios no existía y todas las religiones, filosofías, sectas cristianas o no cristianas, eran lo mismo.

Siendo muy joven, a pesar de que la música llenaba gran parte de su vida y le daba momentos de alegría y satisfacción, no era feliz por un sin fin de razones, por lo que llegó a perderle el sentido a la vida. Por ser una persona sumamente sensible y muy herida por los golpes de la vida, Silvia ha batallado con la depresión desde muy temprana edad. Se refugió en los estudios y fué una de las alumnas con mejores notas de su promoción, pero sin una buena orientación para escoger una carrera en la que pudiera desarrollar, además de su habilidad para la música, su habilidad para escribir.

Como no podía quedar en ridículo, siendo de las mejores estudiantes, Silvia cuenta que se inscribió más de una vez en carreras universitarias que ni entendía, ni le gustaban. Por tanto, no fue constante en sus estudios universitarios y no obtuvo ningún título a ese nivel. Además, en esa época, no había mucho de donde escoger, como hoy en día, que las Universidades ofrecen carreras técnicas y profesorados en todas las áreas profesionales. Su pasión era la música, pero nunca la dejaron asistir al Conservatorio Nacional de Música y no existían carreras univesitarias de música como ahora.

Silvia Mertins canta y compone desde los 12 años de edad;  en esa  época soñaba con ser una gran artista de fama internacional sin embargo, Nuestro Señor Jesucristo cambió sus planes y sueños, cuando Él llegó a su  vida en marzo de 1982 en un Retiro de Renovación Carismática Católica de Guatemala. En ese retiro tuvo realmente "un encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante, con Cristo resucitado"(san Juan Pablo II, Homilia durante la Misa para el clero, religiosos y seminaristas en Catedral de Santo Domingo RD el 26 de enero de 1976). Desde entonces decidió dedicar su música y su voz a la evangelización a tiempo completo.

Desde los quince años de edad, realizó estudios de canto y tuvo la oportunidad de participar en varios conciertos y recitales, cantando arias de ópera y zarzuela. Realió 4 años de estudios particulares de piano clásico y moderno.

Fue integrante del coro Polifónico "Ricardo del Carmen", con el cual partició en varios conciertos en los que se interpretaron grandes obras corales muy importantes. también fue miembro del coro de la Universidad Rafaél Landívar, donde conoció a la mayoría del grupo de jóvenes que después formó parte del grupo Pescadores y posteriormente Buenas Nuevas, del cual fue directora, con quienes llegó a formar una gran amistad que perdura hasta el día de hoy.


En 1984 su tía, Christa Mertins, quien fuera Prima Ballerina del Ballet Guatemala en su época de oro -y que hoy lleva su nombre muy merecidamente- , la inscribió en un concurso de Ópera, en Italia, organizado por un famoso barítono llamado Tito Gobi. Silvia comenta que estaba sumamente nerviosa y, como siempre, deribado de la sobreprotección con que fue criada en su familia por ser hija única mujer, quería evadir su responsabilidad y salir huyendo como siempre. Sin embargo, decidió aceptar la propuesta de su tía que ya había pagado su inscripción. Los ganadores tendrían oportunidad de ganar becas para estudiar ópera en Italia.

Lamentablemente, el maestro Gobi murió ese año, un poco antes del concurso y éste, obviamente, se canceló y nunca se volvió a realizar. Silvia siempre se ha preguntado qué hubiera sido de su vida si este concurso si se hubiera llegado a realizar y hubiera tenido alguna oportunidad de estudiar ópera en forma. Sin embargo, está convencida de que la mano de Dios intervino para su bien. Como bien le dijo el Señor al Profeta Jeremías: "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jer 1,5) y hoy Silvia está muy consciente de que él Señor la escogió desde la eternidad para servirlo a través de su música y su canto


A finales de 1981, Invitada por una gran amiga de juventud, Silvia comenzó a asistir al grupo de oración carismático "María Auxiliadora" en la parroquia salesiana San Juan Bosco (María Auxiliadora) de la ciudad de Guatemala -donde conoció al Rev. Padre Hugo Estrada s.d.b. quien se convertiría en una gran amigo de la familia y un gran asesor espiritual para ella-.

Silvia comenta que, aceptó asistir a una asamblea de ese grupo de oración, para que su amiga le dejara de insistir, pero que lo hizo de muy mala gana. Definitivamente no le gustaban los carismáticos y siempre dijo: "Yo no voy a ser nunca una de estos locos que aplauden, cantan, cierran los ojos, levantan las manos, danzan y cuando oran, hablan en un lenguaje raro". Lo irónico de todo es que, con el tiempo, Silvia se convirtió en una renovada carismática comprometida en la evangelización hasta el día de hoy y la amiga que la invitó a aquel grupo, ya no continuó asistiendo debido a sus estudios profesionales y posteriormente a su ejercicio profesional. Sin embargo, no cabe duda de que ella fue un instrumento del Señor para atraerla a Él.

En la Renovación Carismática, recibió varios cursos de formación y crecimiento, con excelentes teólogos sacerdotes y laicos, pero nunca ha podido estudiar Teología como carrera, debido al alto costo de las carreras universitarias. Silvia no cobra una tarifa por su servicio a través de su Ministerio de Música y predicación, pero acepta ofrendas o donativos generosos, por su participación en asambleas, conciertos, retiros, etc. de lo que se ha sostenido económicamente desde hace más de 30 años, pero no lo suficiente para estudiar a nivel universitario ni realizar producciones de alto costo. Nunca ha pretendido ganar premios ni reconocimientos, sino lograr que, a través de su música, muchos puedan conocer, amar y servir a Cristo Resucitado. Lo más importante para ella es fomentar una profunda conversión en quienes la escuchen y no convertirse en una "artista cristiana" de fama internacional.

Fue directora, como ya mencionamos, del grupo "Pescadores" con el que cantaban en Bodas, Primeras Comuniones, Quinceañeras,etc. Posteriormente el grupo "Pescadores" se convirtió en el grupo "Buenas Nuevas" de la Fundación Católica Las Buenas Nuevas de Guatemala, dedicándose a la evangelización por medio de la música. Con el tiempo, los integrantes del grupo fueron dedicándose a otras profesiones y se formó el dúo "Buenas Nuevas" de la misma Fundación, integrado por su amiga de la infancia Irenne Coronado - también reconocida cantautora guatemalteca- y Silvia. Ambas tomaron la dedición de trabajar juntas en la evangelización a tiempo completo hasta 1987, año en que decidieron continuar como solistas.

Silvia Mertins es Técnico en Computación y realizó 4 años de estudios de Orientación Familiar , con los que deseaba poder trabajar posteriormente y no depender más, económicamente, del Ministerio, ayudando especialmente a personas con problemas de depresión y familias disfuncionales. Sin embargo, después de 4 años de esfuerzos económicos y desvelos "no se pudo" obtener el aval de ninguna Universidad, ni de la Arquidiócesis de Guatemala, para poder trabajar a nivel profesional, solamente "ad honorem" -es decir sin ninguna remuneración económica- y en alguna parroquia del país.

A través de su Ministerio de Alabanza y, durante estos años de ejercerlo (en el año 2024 serán 40 años) Silvia Mertins ha tenido la oportunidad de servir al Señor en varias comunidades católicas de Guatemala y ha sido invitada a participar en retiros, conciertos y congresos en algunos países de Centroamérica, América del Norte (Estados Unidos y México), Sur América y Europa. En 1994 tuvo la bendición de participar en una peregrinación a Tierra Santa, bajo la dirección espiritual del Rev. Padre Hugo Estrada, donde estuvo apoyando en las celebraciones eucarísiticas con la música y el canto.

En 1995 el Señor permitió que pasara por una dura prueba: Una depresión mayor, desencadenada por activismo en el ministerio, decepciones sentimentales y serios problemas familiares, le impidió continuar en el servicio por un poco más de dos años, durante los cuales necesió recibir terapia especializada -que pudo pagarla únicamente gracias a la providencia de Dios a través de algunas personas sumamente generosas, cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida- y mucha oración por parte de su madre, en primer lugar, de su asesor espiritual y de su comunidad de entonces, el Ministerio de Sanación San Pedro. Sin la ayuda de todas estas personas, hubiera sido más difícil para ella, salir adelante en todo sentido.

Para la gloria del Señor, Él Señor la sacó en victoria de esa crisis y entendiendo  que depende totalmente del Señor para no volver a caer, ha  podido seguir cantando las maravillas del Señor y proclamar con el salmista:  "No moriré sino que viviré para contar las obras del Señor" (Salmo 118, 17).